como todos sabréis, niños y niñas, y si no lo sabéis, os lo cuento, la vida del arquitecto es compleja y contradictoria, llena de momentos para los cuales no estás entrenado y que suponen, el azúcar del café, el azahar del naranjo o la sal de la vida. si lees con frecuencia este mi blogggg, ya estarás al tanto de las presentaciones en la obra, y de los desayunos que paga la constructora. bien, una vez superado el tema de la presentación de
"hummm, colabora con nosotros", y del momento desayuno con tostada de jamón subvencionado por florentino pérez, hoy me he tachado de la lista otro gran instante por el cual, yo sabría que tarde o temprano, habría que pasar : el CASCO.
vayamos al temita: en cada obra, la constructora tiene en el garigolo de control, los cascos de obra, todos con su nombre escrito, con la máquina esa de poner nombres que le regalan a bart cuando hace creer que se ha caido al pozo... bueno, con esa máquina le ponen a cada casco su nombre, encima de la visera, para que todos los obreros sepan con quién se juegan los cuartos y para dar un toque de autoridad varonil (o femenina...) a los técnicos que dirigen la obra con rigor y profesionalidad (jajajajajajaja...).
el asunto es que hoy hemos ido a visitar la obra de una escuela hogar, que estamos dirigiendo, tan bonica ella, y allí que hemos ntrado a la casetuchi de obra, y cada uno ha cogido su casco: el aparejador el suyo, el ingeniero el suyo, el (otro) arquitecto el suyo, el jefe de obra el suyo y así sucesivamente, todos los cascos con nombre han volado, salvo uno, salvo EL casco, pues bien, como soy el último en llegar a la empresa, pues como no tienen casco con mi nombre, he mirado el único casco que quedaba, el casco que nadie ha cogido, el casco solitario y ausente del cual todo el mundo ha huido y que estaba esperando a una mano generosa como la mía... el casco que ponía, en letras bien grandes, en letras bien claritas : "
HERMANA ELOISA" porque, mire usté por donde, parece que a la supuesta monja le gusta pasearse por lo que será la futura escuela hogar de la orden de las monjitas de las escuelas hogar. así que, sin encomendarme ni a dios ni al diablo (supongo que por el casco, más bien a dios), me lo he calado, he respirado hondo y allí que me ido a la obra, a ver como encofraban el forjado de planta primera mis queridos operarios... las miradas furtivas de mis compañeros a mi casco delataban pitorreo, pero las miradas nada furtivas de los ncofradores a mi casco delataban cachondeo.
supongo yo que a la verdadera hermana eloisa le tendrán más respeto...

debería comprarme una máquina de esas de poner nombres y llevarla siempre conmigo, seguro que me saca de más de un aprieto.